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Xinaloba 🇲🇽

ClientNieto LabsYear2025AuthorEdicson NietoShare

Me llamo Xinaloa. No es el nombre de mis papeles, pero fue el primero que dije sin miedo. Me lo puse sola, el día que entendí que no iba a heredar la corona, pero tampoco iba a huir. No me escondo de mi apellido ni me avergüenzo de mi origen. Solo elegí cantar en vez de callar.

Nací donde el mármol brilla más que la gente y las palabras se esconden entre silencios. Crecí rodeada de camionetas blindadas, vestidos de diseñador y lealtades compradas. En mi familia nadie dice “negocio”, pero todos saben de qué se habla. Yo era la hija del patrón, la princesa del imperio. Pero preferí una vida real a una vida intocable. Elegí caminar sin miedo a ser vista ni a ser juzgada.

Desde niña me escapaba a donde se hablaba de verdad: la cocina, los pasillos, las sirvientas murmurando. Aprendí a escuchar más de lo que hablaba. Anotaba todo, como hechizos: dichos, suspiros, insultos, promesas. Mi diario era mi primer estudio. No tenía beats, pero ya tenía peso.

La música no me encontró en un escenario. Me encontró en mis ganas de no repetir lo que me ofrecieron. Grabé mi primer tema con el dinero de un bolso que vendí a escondidas. Fui sola al estudio, sin permiso ni aprobación. La pista era áspera, la voz temblaba, pero cada palabra venía con historia.

Cuando me subí por primera vez a una tarima, no llevé guardaespaldas ni maquillaje de gala. Solo un verso con filo. Me vieron como una rica jugando a ser calle, pero al terminar, nadie pudo decir que no sentía. Y eso era suficiente. Hoy no niego de dónde vengo, pero tampoco vivo atrapada en eso. No soy cobarde por querer una vida normal. Soy valiente por atreverme a vivirla sin miedo ni disfraces.

Mi chaleco antibalas Hermès customizado sigue conmigo. Es lo único caro que no he vendido aún. No por lujo, sino porque es historia. Porque me recuerda que sigo viva, y que decidí ser mi propia voz, no el eco de una familia.

No soy la princesa del narco. Soy la patrona de mi propia historia.

Mi disco se llama La que canta y no calla. Carga la historia que me tocó y la que elegí. Crecí rodeada de oro, blindajes y silencios gruesos. Me esperaban en otro papel: querían que fuera la reina de un mundo sellado con pólvora y respeto. Pero yo tenía otro destino: el micrófono. Cada canción es parte de esa elección. Canto con la sangre en orden y el alma encendida. Mis letras no son disfraz: son territorio. Llevan fuego, lealtad, ternura, plomo emocional.

Y si en alguna parte del mundo hay una mujer escuchando, que entienda que la voz también es fuerza. Que cantar también es poder. Que no hace falta coronas cuando lo que dices corta más que un rifle.

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